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Los X-Men de Chris Claremont y el giro que cambió a Tormenta para siempre

La recopilación integral de Panini recupera los números de los años ochenta donde los mutantes cambiaron las guerras cósmicas por el asfalto.

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Tormenta ya no podía controlar los vientos ni invocar rayos, y Wolverine tuvo que cambiar las garras por lecciones de vida en callejones oscuros de Japón. La serie más vendida de Marvel decidió desarmar a sus iconos más fuertes justo cuando estaba en la cima del éxito comercial.

La publicación del tomo integral Marvel Omnibus dedicado a los X-Men de Chris Claremont rescata uno de los momentos más arriesgados en la historia de la editorial. A mediados de la década de 1980, tras ocho años ininterrumpidos en el título y habiendo explorado galaxias enteras, Claremont frenó en seco la escala cósmica para obligar a sus personajes a caminar por el barro. Es un tramo fundamental donde la vulnerabilidad reemplaza a la invulnerabilidad física y redefine las bases de la franquicia.

La pérdida de poderes de Tormenta y el giro hacia el drama urbano

El eje dramático de esta etapa comienza cuando Tormenta, quien ya ejercía como líder indiscutida del equipo, es alcanzada por un artefacto neutralizador del gobierno y pierde por completo sus habilidades mutantes. Privada de volar y de dominar los elementos climáticos, la heroína debe reconstruir su identidad desde la condición de una mujer corriente. En ese proceso aparece Forge, un inventor mutante de origen cheyenne y veterano de Vietnam, con quien entabla un vínculo íntimo marcado por las secuelas de la guerra, culpas compartidas y secretos tecnológicos no resueltos.

Este descenso a la tierra contrasta con las sagas espaciales que habían caracterizado los años previos junto a dibujantes como Dave Cockrum, John Byrne y Paul Smith. En Nueva York, los mutantes ahora enfrentan el rechazo institucional impulsado por funcionarios como Henry Peter Gyrich y Valerie Cooper, mientras que Rogue lidia con la desconfianza del sistema legal estadounidense. La amenaza ya no proviene únicamente de tiranos intergalácticos, sino de oficinas gubernamentales que fabrican armas para anular la condición genética de la especie.

Al mismo tiempo, la narrativa expande sus fronteras personales con el viaje de Kitty Pryde hacia tierras orientales. Al seguir a su padre a Japón, la integrante más joven del grupo cae bajo la influencia de Ogun, un maestro ninja peligroso vinculado a las tradiciones de la yakuza. Con el apoyo y la tutela de Wolverine, Kitty atraviesa un rito de paso traumático que deja atrás su etapa infantil y la transforma en Gata Sombra (Shadowcat). Este proceso de maduración forzada refleja la intención central de Claremont: que el paso del tiempo y las heridas dejen marcas reales e irreversibles en los protagonistas.

La ciencia ficción temporal y la fantasía también tienen lugar en este período mediante la irrupción de Rachel Summers, una refugiada que carga con las memorias de un futuro sombrío. Más adelante debuta Nimrod, un implacable centinela cazador venido de esa misma línea temporal futura que altera el balance de poder. Incluso cuando la trama recurre a la magia, lo hace de un modo inusual para la serie: una alianza con Alpha Flight frente a las tentaciones de Loki y un cruce en Manhattan contra Kulan Gath, el hechicero proveniente del mundo de Conan el Bárbaro, donde intervienen Spider-Man y Los Vengadores sobre una ciudad transformada en un escenario medieval.

La consagración artística entre John Romita Jr. y Barry Windsor-Smith

El aspecto visual de este ciclo mutante se sostiene principalmente en el trazo de John Romita Jr., quien llegó a la colección para ofrecer un estilo mucho más sólido y terrenal. Hijo del legendario John Romita Sr., el dibujante venía de logros importantes como su etapa en Iron Man junto a David Michelinie y Bob Layton, además de haber cocreado al villano Duende Macabro (Hobgoblin) en The Amazing Spider-Man con Roger Stern. Entre 1983 y 1986, en su primer ciclo con la Patrulla-X, Romita Jr. aportaba bocetos y composiciones que luego eran completados y definidos por el entintador Dan Green.

Aunque el propio Romita Jr. reconocería años después una relación de trabajo fría con Claremont y restaría relevancia a su propia labor en la franquicia, su dibujo aportó la pesadez física y la suciedad urbana que la trama requería. Se trataba de una antesala visual previa a sus consagrados trabajos en Daredevil junto a Ann Nocenti —quien también se desempeñaba como editora de la línea mutante en estos años—, su colaboración con Frank Miller en Daredevil: El hombre sin miedo y su posterior éxito en Kick-Ass con Mark Millar. En estas páginas, los rostros angulosos y la narrativa clara construyeron el tono áspero característico de la época.

El punto cumbre del tomo ocurre con Vidamuerte (Lifedeath), una historia autoconclusiva dibujada por Barry Windsor-Smith. El ilustrador británico, consagrado a inicios de los años setenta por sus trabajos multipremiados en Conan el Bárbaro y artífice posterior de Arma X (Weapon X) para Wolverine, transformó el guion en un estudio psicológico casi sin peleas. Acompañado por las tintas de Terry Austin y los colores de Glynis Wein y Christie Scheele, Windsor-Smith estructuró la primera mitad del relato sobre largas conversaciones entre Tormenta y Forge en un departamento aislado, priorizando primeros planos y sutilezas expresivas.

El éxito autoral de Vidamuerte derivó más tarde en una secuela directa a cargo del mismo equipo creativo, mientras que una tercera entrega planeada terminó convirtiéndose de forma independiente en la obra Adastra in Africa. Esta sensibilidad narrativa trascendió las páginas impresas al punto de ser adaptada décadas más tarde en la televisión. La primera temporada de la serie animada X-Men ’97, emitida a través de Disney+, llevó este relato a dos episodios que conservaron el título original, con las voces de Alison Sealy-Smith como Tormenta y Gil Birmingham en el papel de Forge, condensando la tragedia pero manteniendo intacto el peso dramático de la pérdida.

El apartado gráfico del período se completa con participaciones notables como el regreso de Paul Smith con Bob Wiacek para el encuentro especial con Alpha Flight, Al Milgrom aportando dinamismo de artes marciales en el viaje japonés, y Steve Leialoha. Los colores de Glynis Wein, quien más adelante firmaría sus trabajos como Glynis Oliver, terminan de unificar un tomo de 880 páginas que reúne los números 176 a 192 de The Uncanny X-Men, el Annual 8, la miniserie Kitty Pryde and Wolverine del 1 al 6, los especiales de Alpha Flight y fragmentos de publicaciones complementarias de Marvel.

Preguntas frecuentes

¿Qué números de la serie original contiene este volumen integral de Panini?

La edición recopila los cómics The Uncanny X-Men #176 a #192, el Annual 8, la serie limitada de seis números Kitty Pryde and Wolverine, los dos números del cruce X-Men and Alpha Flight, además de material extraído de Marvel Fanfare #40 y Best of Marvel Comics.

¿Por qué es importante el relato Vidamuerte dentro de la historia de los mutantes?

Es considerado uno de los trabajos más maduros del cómic de superhéroes de los ochenta debido a que se enfoca en el duelo psicológico de Tormenta tras perder sus dones climáticos, narrado a través del detallado arte de Barry Windsor-Smith en lugar de batallas convencionales.

¿Qué relación tiene este período con la serie animada X-Men '97?

La primera temporada de la serie de Disney+ adaptó de manera directa el arco argumental de Tormenta y Forge en un díptico de capítulos bajo el mismo nombre, Lifedeath, recuperando el conflicto central ideado por Claremont y Windsor-Smith.

Con esta etapa consolidada en tomos de gran formato, el legado del guionista británico demuestra que el verdadero salto evolutivo de la franquicia no dependió de multiplicar los rayos ni la pirotecnia, sino de atreverse a desnudar las debilidades de sus héroes frente a la realidad cotidiana.